jueves, 5 de julio de 2018

Ontología de la clase media: trabajadores contra trabajadores

La clase media tiene un problema ontológico, con esto me quiero referir a un problema existencial. El hombre de clase media se pregunta ¿quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Se interesa por sus orígenes ¿fueron mis padres de clase media? ¿O pertenecieron a una clase baja? ¿Qué será de mi existencia? ¿Me posicionaré en esa clase de la cual provienen mis padres? ¿Me convertiré en esa clase alta que todos anhelan llegar? ¿Caeré en esa clase marginal e indigente?
La clase media es una clase en tránsito, que está más cerca de la clase baja que de la clase alta. Pero se siente más cerca de está última que de la primera. Este ser desdichado, desgraciado, inconformista que pertenece a una clase que no lo deja vivir feliz y en paz, está constantemente cuestionando su existencia. Termina odiando a las clases bajas sólo por el hecho del pánico que le da caer en ese abismo, perder todas sus pertenencias, todo ese status social que muestra constantemente a sus pares. Vive adorando, emulando admirando, deseando a esa clase alta, adinerada, exclusiva, a la que probablemente no llegará. Digo probablemente porque las probabilidades que eso ocurra serán pocas, tal vez nulas. Y si eso llegara a suceder no será reconocido, lo denominarán como el “nuevo rico”. Lo utilizarán pero jamás le darán reconocimiento. ¿Por qué será que el hombre tanto necesita el reconocimiento para sentirse realizado? No importa “qué es” necesita ser reconocido y para que eso ocurra vive toda una vida fingiendo ser lo que no es, mostrando lo que ha podido conseguir, endeudándose para tener lo que no podría comprar. Lo que tiene, lo tiene de prestado pero lo muestra como si fuera suyo y lo peor que muchas veces realmente cree que es suyo, no siendo consciente que no tiene nada más que una deuda y que lo puede perder todo si deja de pagar esa cuota mensual que se le ha concedido por ser un buen trabajador. Por esa razón los bancos pudieron venderle a la clase media hipotecas por importes disparatados a 40 años. ¿Conoces algún negocio mejor que tener un cliente cautivo cobrándole una cuota mensual durante toda su vida laboral? ¿Será casualidad que el aumento disparatado de los pisos durante la burbuja inmobiliaria? ¿Cómo ganaba más dinero la banca con el precio del metro cuadrado bajo o disparado por las nubes? ¿Y cuando la banca entra en “banca” rota desaparece o la rescatas tú con tus impuestos? Será por eso que Bertol Brecht dijo “Robar un banco es delito pero más delito es fundarlo". Si viera nuestro amigo Bertol lo sucedido durante los años de la “estafa inmobiliaria”… ¿Qué diría?
Marx hablaba de una lucha de clases entre burgueses y proletarios, termina el manifiesto comunista escrito mancomunadamente con Engels con la frase: “¡Proletarios de todos los países, uníos! Luego la sociología comenzó a definir diversos tipos de estratificación social. Sin embargo hoy podemos ver dos actores claros, por un lado tenemos a la clase trabajadora y por otro lado a una clase rentista. La primera vive de la fuerza de su trabajo y la segunda de la renta del capital. En la clase trabajadora encontramos desde una limpiadora a una médica cirujana. Aunque hay una diferencia salarial que dependiendo de la organización política de cada país que puede ser mayor o menor. Ambas tienen importantes similitudes. Se levantan temprano para ir a trabajar, cumplen un horario de trabajo, terminan alienadas y reciben órdenes y presiones de sus superiores. El neoliberalismo ha sido muy astuto, ha logrado que la lucha de clases a la que Marx hacía referencia, cambie de plano y logró convertir esa rivalidad entre una lucha de trabajadores contra trabajadores. Entre trabajadores mejor pagados y trabajadores peor pagados. Una médica amiga me decía “yo apenas gano 300 euros más que la enfermera y 500 más que la limpiadora, pero mi responsabilidad es mayor a la de ellas dos juntas”. Nuestra amiga no se plantea que la limpiadora le hace su trabajo más fácil al dejarle la consulta y el quirófano limpios, y que la enfermera le ayuda a curar a los pacientes. Tampoco se percata que son todas trabajadoras y compañeras. Pero lo peor es que se queja de que gana sólo un poco más que la limpiadora pero no se queja que gana infinitamente menos que el banquero que le ha prestado el dinero para comprarse su piso. Ni tampoco, que pagará intereses durante 40 años a un banquero que hace mucho menos labor social que sus dos “enemigas”, la limpiadora y la enfermera.

El neoliberalismo ha logrado que la clase media admire a la clase dominante y vea a la clase baja como su enemiga.
“Las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante” decía Marx

Cuántas veces hemos oído decir “nosotros somos quienes pagamos impuestos y mantenemos a las clases bajas, todo el esfuerzo lo hacemos los contribuyentes de clase media”. Pocas veces escucho a la gente quejarse que las grandes multinacionales tienen su razón fiscal en paraísos fiscales, o exigir que paguen impuestos. Esa ingeniería fiscal que les permite pagar muchísimo menos porcentaje que cualquier asalariado. ¡Pero no! , la lucha es entre trabajadores que ganan más y trabajadores que ganan menos. Entre carniceros, entre pescaderos, entre carpinteros. En lugar de crear un modelo cooperativo entre colegas, se odian entre sí. ¿Quién es tu competencia, el colega tuyo que está a 500 metros o el gran súper mercado o centro comercial que está a 1000 metros?

Ya nadie se acuerda del “Proletarios uníos” los trabajadores están divididos. Divide y reinarás y eso es lo que logró el neoliberalismo dividir a la clase trabajadora, pero más cambiarle la forma de pensar. El trabajo ideológico fue abrumador. Hoy en los colegios y facultades se leen textos como “Quién se ha llevado mi queso”, un texto simple y ameno de leer, de fácil lectura, no requiere prácticamente interpretación, el mensaje te lo dan masticado, es más digerido. Un libro que te culpabiliza “Ah no te has reinventado, no te has adaptado al cambio, si hubieras estudiado marketing personal a las 5 de la mañana a distancia por Internet…” El neoliberalismo te culpabiliza, no es el sistema, eres tú el problema. Frases como “Has vivido por encima de tus posibilidades”, “Hay que pagar la fiesta”. Todos slogans pensados para demonizar a la clase trabajadora.

Si nos adentramos en una librería encontraremos miles de libros de autoayuda, son soluciones simples para problemas complejos, son una falta de respeto a la inteligencia, son parte de un engranaje diseñado para que no pienses, para que no cuestiones, para que no dudes, para idiotizarte, son un eslabón más en el proceso de embobamiento, junto con esos programas idiotizantes de televisión, esas series y películas que te adoctrinan, esos periódicos que te manipulan, esas radios que no te dejan pensar. Luego te ofrecen las redes sociales gratuitas y por todos lados te bombardean con las mismas municiones. Es la industria del entreteni~boba~miento. Mientras te entretienen te idiotizan, te impiden pensar, te piensan, te adoctrinan, te culpabilizan. “el sistema es perfecto, el problema eres tu que no se adapta, que no te reinventas”. Casi todas estas herramientas son gratuitas, no pagas por utilizarlas. ¿Desde cuándo las cosas son gratis en una economía de mercado? ¿No serán porque les conviene que las consumas y convertirte en un ser interpretado?

La Biblia de ayer es la prensa de hoy. Ayer teníamos a la Biblia que nos decía qué estaba bien y qué estaba mal, que se podía hacer y que no, cuál era la verdad y la realidad. Hoy tenemos a los medios de comunicación que hacen esa labor y te ofrecen diarios, canales de tv, sintonías de radio, series, etc.
Antes se leía la Biblia sin dudar hoy se lee la prensa también sin dudar, reemplazamos ese libro que expresaba la palabra de Dios por un periódico o por una suma de medios que pertenecen al mismo propietario.

Es la Biblia de la información donde te muestran la verdad y la realidad tal como ellos quieren que la interpretes. Así han logrado imponer un pensamiento único, que leas lo que hay que leer, que mires lo que hay que mirar, que hagas lo que hay que hacer, y que te diviertas con lo que hay que divertirse. Sometiéndote con el trabajo o con la cultura del entreteni~boba~miento.

Sin embargo hay un momento en que la clase media “trabajadora” se junta con la clase baja “trabajadora” al grito de “Piquete y cacerola la lucha es una sola” (Argentina 2001). Eso ocurre cuándo la clase media cae tan abajo que pierde toda esperanza de “éxito”, pierde toda esperanza de convertirse en clase alta, pierde toda esperanza de alejarse de esa clase baja a la que odia por el pánico que tiene de caer en ella. Cuando se supera la crisis, y la economía comienza a crecer, la clase media “trabajadora” vuelve a fantasear con la idea de prosperar y de acercarse a esa clase alta que tanto lo deleita, va distanciándose y mirando de lejos a esa clase de la que quiere alejarse y se aleja lo más posible para diferenciarse, hasta que una nueva crisis lo vuelva a sacudir y tirarlo hacia abajo. La historia se repite y vuelve a la calle repitiendo el cántico “piquete y cacerola, la lucha es una sola.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Recomendaciones para perder peso realizando ejercicio

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sábado, 30 de noviembre de 2013

Estiramientos sin límites: ebook gratuito

Ebook Gratuito: Estiramientos sin límitesDescárgate el ebook gratuito, "Estiramientos sin límites. El ebook cuenta con dos partes, la primera relacionada a la teoría de los estiramientos y la segunda que incluye videos explicativos de diversos ejercicios de flexibilidad. 


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martes, 12 de noviembre de 2013

Curso Gratuito de Musculación Deportiva

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Del consumismo y el desperdicio al caos

Andrés se asomó a la ventana y sonrió pleno de satisfacción, eran las 8 de una mañana espléndida que prometía un sol radiante. Se vistió informalmente como siempre que hacía buen tiempo. A las 10 horas lo esperaban decenas de personas. Andrés no se sorprendió en lo más mínimo cuando a pocos metros de llegar a su destino, el cielo se oscureció repentinamente como si se hubiera puesto el sol y los rayos azotaron la ciudad. Al llegar le informaron que en la zona norte de la ciudad la lluvia estaba inundando las calles, la corriente arrastrado los coches como si fueran de juguete y la tormenta desplomando árboles, arrancándolos de cuajo, causando diversos tipos de destrozos.

Andrés no terminó de acomodarse cuando Analia Bonfante le preguntó, “Parece que hoy vamos a tener nuevamente emergencia climatológica. ¿Qué opina usted del desastre ecológico y ambiental que nos legaron las Generaciones del 2000?

Andrés respondió “Esas generaciones tenían un clima privilegiado, lamentablemente nuestros antepasados no cuidaron el planeta como deberían, Pero no olvidemos que también nos dejaron antibióticos, vacunas, la cura para muchas enfermedades, que 100 años atrás eran letales, como así también grandes intelectuales y avances importantísimos en física, química, biología molecular, etc.”

Norberto Monasterio preguntó, ¿Cómo es posible que generaciones tan preparadas hayan arruinado el planeta?

“Es una pregunta difícil de responder” replicó Andrés y continuó, “Muchos intelectuales han intentado encontrar una respuesta, en mi opinión personal yo creo que era una sociedad obsesionada por el consumo, que era la forma de crecimiento económico, de generación de empleo de esa época y que los grandes capitales tenían el control de la riqueza mundial. Durante la época feudal, sólo los nobles tenían acceso a bienes, riqueza y propiedades. La plebe trabajaba de sol a sol por la comida. Al caer el feudalismo y llegar el capitalismo, la clase obrera logró jornadas laborales, ciertos beneficios, salarios y con ello en ciertos casos una capacidad de ahorro. Lo que significaba el acceso a la adquisición de bienes y propiedades. Es aquí donde los grandes capitales encuentran en el consumismo y el crédito la llave para quedarse con los ahorros de la clase trabajadora. Poco importaba que venderles, lo importante era estimular el deseo para que compren todo tipo de productos y quedarse con sus ahorros de forma tal que terminen trabajando por la comida como en la época feudal. Por ejemplo las viviendas se vendían en créditos de hasta 40 años y la mayoría de los mortales compraban una vivienda y terminaban pagando, a la banca privada, intereses por la misma durante casi toda su vida laboral. Los bancos ofrecían tarjetas de crédito e incentivaban a comprar a plazos, ya que los intereses de las cuotas y los atrasos en los pagos eran suculentos. Insisto no importaba qué vender, lo importante es que se comprara en cuotas y se pagaran intereses. En esos tiempos el negocio era básicamente financiero".

“Para lograr este cometido”, concluyó Andrés, “Instaurarón la globalización, y los acuerdos de libre comercio, desaparecieron los pequeños comercios de los pueblos, el almacenero dejó de comprarle al carnicero y éste al zapatero. Con la llegada de las multinacionales, enormes centros comerciales, hipermercados, monopolizados por grandes capitales, cerraron los pequeños comercios y el dinero ya no circulaba alrededor del pueblo, terminaba yéndose a paraísos fiscales".

Giuseppe Lentini, un joven de apenas 18 años, en un español con acento italiano preguntó “¿Cómo relaciona el desastre ecológico con la obsesión por el consumo que usted describe?”

Andrés siguió argumentando “La mayoría de las cosas que se fabricaban durante esa época no eran ni siquiera útiles. Otras como electrodomésticos, autos, ordenadores, teléfonos portátiles tenían una durabilidad de entre 3 y 10 años como mucho. Podéis imaginaros la cantidad de toneladas de residuos contaminantes que generaban, si en una vida una persona compraba 6 neveras, 20 teléfono portátiles y cientos de productos altamente contaminantes.” Un ejemplo que os puedo dar es el de la moda, que cambiaba cada temporada, con lo cual mucha gente cambiaba su armario cada 3 meses y compraba, usaba y tiraba. Los productos tecnológicos se volvían obsoletos al poco tiempo de comprarlos y se producían nuevos modelos con nuevas prestaciones incentivando al comprador a reemplazarlos. De ahí la famosa frase que decía, “la tecnología es como la moda, no es para consumir, es para vender”.

Andrés prosiguió “era la sociedad del desperdicio, el afán de la ambición de un grupo minoritario llevaba a fabricar, vender y tirar el sobrante. Un ejemplo era la industria textil, que manufacturaba en demasía, llenaba los comercios de ropa y lo que no se vendía se retiraba y se convertía en residuos. Otro ejemplo fue la industria editorial. Una redacción imprimía 100.000 ejemplares de periódicos, revistas o libros, si vendían un 40 % ya era negocio y el 60 % restante iba a destrucción, es decir a sabiendas que sólo venderían un % muy inferior a lo editado, desforestaban, contaminaban y gastaban recursos energéticos primero para editar de más y luego para destruir lo editado. Pero lo más llamativo era que utilizaban el mismo patrón en la industria agrícola, para no bajar los precios tiraban a la basura parte de las cosechas, en una época donde la mitad del planeta padecía hambrunas”.

Andrés finalizó su respuesta añadiendo “Esas sociedades no eran muy solidarias, por el contrario eran muy individualistas, especialmente en los países desarrollados. Ese individualismo era estimulado por el sistema, ya que éste era un aliado de la sociedad de consumo. Imaginaros a 5 personas compartiendo un piso, comprarían 1 nevera, una lavadora, un juego de muebles. Pero si vivieran 5 personas en 5 pisos pequeños comprarían 5 neveras, 5 lavadoras, etc.".

Analía Navarro interrogó a Andrés “¿Pero si esa sociedad logró poner bases espaciales en órbita, porqué no podía fabricar electrodomésticos que duren 100 años?

Andrés intentó explicarlo de un modo didáctico “Por supuesto que podían fabricar una nevera que durara 100 años, pero entonces le venderían a cada persona 1 nevera en toda su vida. Por ello fabricaban los productos con obsolescencia programada, de forma tal que estos tuvieran una durabilidad corta y así poder venderles nuevamente el mismo producto y quedarse con los ahorros de la sociedad. Por ello tenían un consumo eléctrico desmedido para poder mantener esa industria desbocada. Ellos encontraron la solución en la energía nuclear, pero no tenían el conocimiento tan desarrollado como creían y eso desembocó en terribles catástrofes nucleares”.

Luego de una breve pausa Andrés prosiguió “Semejante industria producía unos niveles de contaminación altísimos. Por otro lado teníamos las catástrofes de las centrales nucleares como he acabado de mencionar y además vivían de guerra en guerra, ya que existía una industria armamentista, y estás ya a no eran con flechas y lanzas sino con armas químicas y nucleares”.

Andrés continuó realizando una breve clasificación social y dijo “En definitiva durante esa época había 3 clases, una inmensa mayoría de pobres, viviendo en situaciones de extrema pobreza, especialmente en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, que trabajaban en condiciones de esclavitud para fabricar y manufacturar productos que eran vendidos, en su mayoría a la clase consumista, la cual cambiaba sus ahorros por todo tipo de productos en la mayoría de las veces innecesarios en beneficio de una muy pequeña clase que se quedaba con el trabajo de la clase baja y con los ahorros de la clase consumista”.

Y concluyó la respuesta aseverando “El comunismo, del cual hoy no hablaré, ofrecía una calidad de vida bastante despreciable. El sistema más extendido era estado democrático de derecho, una forma de gobierno infinitamente mejor a las monarquías y aristocracias, pero inmensamente desigual, y en la cual se basó el capitalismo para instaurar la globalización y el consumismo al cual me he referido. Es decir que si bien era una sociedad muy preparada con un conocimiento científico altamente desarrollado no pudieron encontrar un sistema de gobierno que satisficiera las necesidades de la sociedad y que protegiera el medio ambiente. En momentos de crisis, políticos, economistas y hasta intelectuales pregonaban que para solucionar los problemas económicos era menester estimular la economía aumentando el consumo”.

Analía siguió interrogando “Pero los científicos e intelectuales de la época no alertaron de las consecuencias, porque no hay que ser demasiado listo para darse cuenta que tal cantidad de desechos tóxicos terminaría contaminando, ríos, mares y montañas.”

“Fueron muchos, muchísimos los que alertaron”. Respondió Andrés y añadió, “Pero era una sociedad que no tenía una gran devoción por los científicos e intelectuales. La mayoría de la gente de ese entonces no conocía, por ejemplo a Alexander Flemming, pero sin embargo todos conocían detalles de la vida privada del Rey Pelé quien sin haber hecho nada útil por la humanidad llegó a convertirse en una de las personalidad más conocidas del mundo”.

“Disculpe por la curiosidad” interrupió Demetrio Martínez, “Me gusta mucho la historia pero jamás leí acerca de dicho monarca ¿En dónde y en qué período reinó el Rey Pelé?

A lo que Andrés respondió. “El rey Pelé no fue un monarca sino uno de los mejores futbolistas de la época. El Fútbol era el deporte más importante de entonces y representaba para dichas generaciones el Circo Romano del siglo XX y comienzos del XXI”.

Susana Ramiréz preguntó, ¿Cómo lograron los grandes capitales persuadir a la gente a consumir compulsivamente?

Andrés no dudó un instante en responder, sabía que esa pregunta se la terminarían haciendo y replicó. “Desde que una persona nacía, recibía miles de impactos publicitarios, a través de la caja boba, que no era otra cosa que una televisión que intercalaba programas frívolos y triviales con anuncios publicitarios. Este medio fue el más utilizado para manipulear, generar opinión y lavar el cerebro de esa sociedad. En esa época era imposible caminar más de 10 metros por la ciudad sin ver carteles de ofertas y promociones. Hasta en los mingitorios y retretes de los baños públicos llegaron a colocar anuncios a la altura de los ojos de la gente que los utilizaba”.

“Ni cagar tranquilos los dejaban a esos mendas”, murmuró alguien desde fondo.

Andrés ignorando dicha acotación prosiguió, “Al poco tiempo de masificarse internet aparecieron los teléfonos inteligentes, que de inteligentes tenían poco y nada. Se denominaban así porque se utilizaban para conectarse a Internet e instalar aplicaciones gratuitas, que tampoco eran tan gratuitas, porque los usuarios eran obligados a registrarse y luego esos datos eran vendidos y utilizados por los departamentos de marketing de las empresas. Más tarde esos dispositivos fueron llamados el rectángulo idiotizador, ya que la gente pasaba más de la mitad del día mirando esa pantalla boba”.

Andrés continuó, “en esos momentos surgieron las redes sociales, que de sociales tenían nada más que el nombre ya que la gente se comunicaba mucho por internet pero se veía poco. La más conocida luego de unos años fue irónicamente denominada Spybook. La gente se pasaba horas publicando fotos, vídeos y compartiendo detalles de su vida privada. Esto permitió confeccionar un perfil exhaustivo y detallado de cada usuario, con sus gustos, preferencias, ideas, ideologías, pensamientos, etc. que no sólo fueron usados por los departamentos de ventas de las empresas sino que más tarde se realizaron importantes cazas de brujas, extorsiones y chantajes, ya que ninguna sociedad anteriormente tuvo tanto acceso a la información privada de sus ciudadanos. Ni el mismísimo Foucault podría haber imaginado tal nivel de control social”.

Andrés finalizó la respuesta diciendo, “y no fueron muchos los que lograron escapar a la caja boba, al rectángulo idiotizador o al spybook, hasta las personas de más alto nivel cultural sucumbieron atónitas a los encantos de estas pseudo tecnologías”.

José López Garcia entrando en el ámbito de lo hipotético preguntó, "En su opinión personal, ¿cree Ud. que si no se hubiera producido un cambio climático de tal envergadura, el sistema de producción y consumo que ud. ha explicado reinaría hoy en día entre nosotros?"

Andrés se sintió incómodo con esta pregunta, mientras pensaba y dudaba cómo responder y hacía tiempo bebiendo un vaso de agua para elaborar su contestación, se escuchó una voz de los altavoces que decía, “se informa a todos los alumnos de esta Universidad que se ha declarado Emergencia Climatológica, el claustro deberá ser evacuado siguiendo el protocolo conocido por todos. Aquellas personas que vivan en la zona norte de la ciudad deberán ser dirigidos a sus respectivos refugios, debido a que todos los accesos hacia dicha área geográfica han sido cortados, muchas gracias por vuestra comprensión”

Andrés se despidió de sus alumnos, con 3 pesetas electrónicas compró unos caramelos y se dirigió al refugio que tenía asignado, pasaría allí unos cuantos días, ya que vivía en la zona norte de la ciudad.

Ldo. Mariano Procopio

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domingo, 1 de septiembre de 2013

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